El polen es uno de los desencadenantes más importantes de los procesos alérgicos que padece la población, llegando en determinadas ocasiones a producir crisis asmáticas. El polen que llega a la atmósfera procede de especies arbóreas y herbáceas que utilizan el aire como vehículo de polinización.
Las plantas, en su época de flor, sueltan granos microscópicos de polen al aire, que se pueden desplazar a kilómetros de distancia por el viento. La polinosis es una enfermedad alérgica caracterizada por síntomas que afectan a los ojos, nariz y pulmones y que se presenta normalmente durante las estaciones de primavera y verano. Los días de viento, secos y soleados hay más polen ambiental. Disminuye su cantidad los días de humedad, o de lluvia, que "lava" el polen del ambiente.
¿Cómo se produce la alergia a los pólenes?
La polinosis está causada por una reacción alérgica frente a los pólenes que, presentes en la atmósfera, penetran en el organismo a través de las mucosas expuestas al aire (ojos, nariz, y boca) y producen procesos respiratorios como la rinitis y el asma.
¿Cuáles son los síntomas de la polinosis?
La reacción alérgica al polen, puede afectar a diferentes órganos; cuando afecta a la nariz, produce una inflamación, caracterizada por estornudos, picor, congestión, secreción y obstrucción nasal. Es frecuente que se afecten otros tejidos, provocando inflamación en los ojos (conjuntivitis), picor de paladar, de garganta y de oídos. Este conjunto de síntomas también se conoce con el nombre de "fiebre del heno". Si la inflamación afecta a los pulmones se produce tos, dificultad para respirar, sensación de opresión torácica y pitidos, el llamado asma polínico las personas afectadas, pueden presentar agudizaciones bruscas y recortadas sólo durante períodos muy específicos del año y permanecer con síntomas leves o sin ellos en otras épocas. El clima puede influir en los síntomas de la polinosis. Los síntomas alérgicos a menudo son mínimos en los días de lluvia por un efecto de barrido atmosférico, así como en días nublados o sin viento, porque el polen no se desplaza en estas condiciones. El tiempo cálido, seco y con viento indica mayor distribución del polen y, en consecuencia, de mayores síntomas alérgicos.